Spotify, la popular plataforma de música en streaming, se ve infestada de contenido generado por IA y en respuesta lanza una herramienta para que los artistas tengan un mayor control.

El auge de la inteligencia artificial está teniendo consecuencias imprevistas en el panorama del entretenimiento musical. Tal ha sido su irrupción en este ecosistema que Spotify, la app por antonomasia de música en streaming, ha decidido tomar cartas en el asunto. La plataforma se enfrenta a un desafío sin precedentes, donde es bombardeada a diario por pistas musicales creadas por IA que tienen el propósito de ganar dinero de forma fraudulenta, a menudo colgándose de la fama de artistas reconocidos a nivel mundial.

Esta función añade un paso extra al proceso de revisión de las subidas de contenido, y cada artista puede aprobar o rechazar las pistas musicales firmadas con su nombre antes de que se publiquen. Para mantener un flujo ágil de los lanzamientos oficiales y legítimos, Spotify también planea introducir una clave única para cada artista que los distribuidores de confianza puedan incluir en el momento de la subida para obtener la aprobación automática, optimizando el proceso de publicación y evitando así la revisión manual caso a caso.
La nueva función de Spotify nace como una necesidad en un contexto muy complejo. En el panorama actual de las aplicaciones de música en streaming, existen actores maliciosos que explotan el sistema subiendo música generada por IA atribuida falsamente a artistas consolidados con el propósito de ganar dinero a su costa. Entre las estrellas suplantadas se encuentran nombres conocidos a nivel mundial como Beyoncé, Queen o Harry Styles. Con excusas variadas como nuevos remixes en apariencia oficiales o incluso canciones completamente inéditas pero creadas por inteligencia artificial, el fin último de los estafadores es ganar dinero por cada reproducción usando el alcance global de los artistas afectados..

Aún queda por ver si esta medida será suficiente para frenar la proliferación de este contenido fraudulento o, si por el contrario, Spotify tendrá que endurecer aún más sus criterios en pos de blindar a los creadores afectados. En cualquier caso, una cosa es segura: como mínimo, la plataforma es consciente del problema y ha dado un primer paso decisivo de cara a atajar el problema de raíz. Mientras que los diferentes modelos de inteligencia artificial ofrecen cada vez más funciones y facilidades de creación para el usuario medio, vuelve a ponerse sobre la mesa el debate de los límites éticos y legales de la explotación de contenido de amparado por derechos de autor sin la autorización expresa de sus legítimos dueños.
